El viejo árbol (The old tree) [ES/EN]

Published on HivePostify by @rinconpoetico7 · Fri Sep 04 2026

Español El viejo árbol

«Jordi, ¿Estás listo para nuestro viaje?». Isabel preguntaba a su amigo.

«Más que listo. Quiero deshacerme de este estrés, del ruido y la contaminación de la ciudad». Jordi esbozaba una gran sonrisa.

«Ya era hora, amigo. Taty y Robert también confirmaron, así que la vamos a pasar súper». Isabel levantaba los brazos.

«Por cierto, ¿A dónde vamos a ir?». Jordi ponía su mano en la barbilla.

«A mi pueblo, donde viví la mayor parte de mi infancia, El Rosal». A Isabel le brillaban los ojos.

«Tiene un nombre muy bonito».

«No solo es el nombre, todo el pueblo es bonito. La gente es cordial, no hay muchos carros, las casas son sencillas y el clima es muy agradable». Isabel hablaba como si estuviera enamorada.

«Ok, ok, me convenciste. Lo compro. Jaja». Jordi soltaba una carcajada sonora.

«Eres un tonto, lo sabías. Jaja». Isabel se levantaba del escritorio. «Voy a llamar a Robert y Taty para informarles la hora de encuentro».

«No hay problema. Voy a terminar de hacer los informes». Jordi empezaba a digitar el teclado.

Los amigos se alistaban para viajar a El Rosal, tenían tres días para disfrutar del descanso y el entusiasmo iba creciendo en cada uno. El viernes había llegado tan rápido que ni cuenta se dieron. Muy temprano en la mañana los amigos se reunieron para emprender el viaje. Jordi llegaba en su auto, un Ford fiesta de color rojo, que tenía algunos años, pero que aún funcionaba perfectamente.

«Jordi, casi no llegas dormilón. Jaja». Taty guiñaba un ojo.

«Perdón, amigos, estaba alistando todo para que no tengamos ninguna sorpresita desagradable en el camino. Jaja». Jordi se sacaba las gafas de sol.

«Muy bien, chicos, vamos rápido o se nos hace tarde». Robert subía al auto. «Las chicas van atrás. Jaja». Robert se colocaba el cinturón de seguridad.

Las chicas reían y se montaban en el auto. El sonido rugiente del Ford tomaba protagonismo y los amigos se encaminaban hacia su destino. El sol imponente los acompañaba, mientras el asfalto los acompañaba en su recorrido.

Después de varias horas, los amigos se iban acercando a El Rosal.

«Jordi, debemos desviarnos en ese letrero». Isabel apuntaba emocionada.

«¿Ese letrero viejo?», Jordi preguntaba desconcertado.

«Sí, el camino está sin pavimentar, así que debemos ir con cuidado».

Jordi colocaba la luz direccional y disminuía la velocidad. El camino era polvoriento y tenía muchas piedras sueltas. La vegetación a los lados del camino era prominente, árboles viejos terminaban de adornar el paisaje surrealista. Jordi continuaba manejando por aquel paisaje, que les producía algo de escalofríos. En ese momento pasaron por un gran árbol retorcido, de raíces enormes, una corteza reseca y sin ni una sola hoja, era un árbol muerto.

«Miren ese horrible árbol, no sé por qué no le pasan una motosierra y hacerlo unos bonitos muebles. Jaja». Robert trataba de animar a sus amigos que de pronto se habían callado.

«Es verdad, se vería mejor como muebles o puertas para mi casa. Jaja». Taty se unía a las bromas.

«Cállense, no digan esas cosas». Isabel miraba aterrorizada sus amigos.

«¿Qué te sucede, Isabel?». Jordi la miraba desconcertado.

«Es que entorno a ese árbol hay una maldición. Cuando era niña me decían que debíamos guardar silencio y respeto por aquel árbol, sino algo muy malo podía ocurrir». Isabel miraba a todos con un miedo inexplicable.

«No andes con cuentos, de seguro era para espantarte. Cómo un viejo árbol tan feo puede causar tanto miedo. Jaja». Robert cortaba el momento dramático.

«Sí, Isabel, no creas en cuentos pueblerinos. Ya eres grande. Jaja». Taty abrazaba a su amiga en tono juguetón.

«Bueno, chicos, dejemos de hablar del dichoso árbol. Ya estamos llegando a El Rosal». Jordi apuntaba hacia las pequeñas casas que se miraban desde lo alto del camino.

En ese momento, unas nubes grises empezaron a cubrir el firmamento, y una tormenta eléctrica se formó de la nada. Jordi aceleró para llegar lo más pronto posible al pueblo. Los rayos eran estruendosos y caían con violencia, espantando a todos dentro del carro.

Jordi aceleraba el paso y a unos 50 metros de la entrada del pueblo, un rayo alcanzó a un árbol y una de las ramas cayó sobre el carro. Jordi se detuvo abruptamente, y el auto se apagó. Los amigos salieron corriendo del vehículo hacia el pueblo.

«Cálmese, chicos, ¿Que les sucedió?». Un anciano de larga barba blanca, ojos plomos y con un sombrero de paja los recibía.

«Es que un rayo..., partió..., la rama de un árbol..., y cayó sobre...», Jordi articulaba torpemente las palabras.

«Vengan a mi casa mientras pasa la tormenta y vamos a ver el carro». El anciano esbozaba una sonrisa desdentada.

Isabel y sus amigos caminaban por el pueblo que parecía desierto, mientras los rayos y la oscuridad dominaban el cielo de El Rosal. Isabel miraba extrañada todo aquel lugar, que era irreconocible de aquellas épocas infantiles.

A llegar a la casa del anciano, la lluvia empezó a arreciar. Los amigos entraban en la humilde casa, de paredes revestidas con barro y paja. Las velas blancas proporcionaban la luz. Los amigos se miraban unos a otros con desconcierto.

«Disculpe, señor, conoce a la familia Holguín». Isabel se dirigía al anciano.

«No, mucha gente se ha ido de este pueblo. Solo quedamos unos pocos». El anciano se levantaba para ir a la cocina.

«Genial, vinimos para nada, ¿Y ahora qué haremos?». Jordi se levantaba disgustado.

«Tenemos que buscar alguien para que repare el auto». Taty trataba de calmar los ánimos.

«Voy a preguntar al anciano si hay un mecánico en el pueblo». Isabel iba a la cocina a ver al anciano, pero no había nadie. Miraba extrañada a sus amigos. «El anciano no está».

«Es imposible. Él fue para allá». Robert se levantaba y corría a ver.

Los demás iban tras Robert, en ese momento, una risa de ultratumba se escuchó. Los amigos se miraron espantados y salieron corriendo del lugar. Afuera seguía lloviendo y una niebla espesa había cubierto el pueblo. Unos ojos rojos aparecían entre la niebla, los chicos empezaron a correr hacia el auto.

Llegaron a la salida del pueblo, y empezaron a correr por aquel camino que se había convertido en un lodazal. Llegaron hasta el árbol viejo, ahí estaba el anciano.

«Señor, señor, algo extraño está pasando en el pueblo». Isabel corría aterrorizada hacia él.

El anciano reía siniestramente, y la corteza del viejo árbol se abrió, mostrando un rojo intenso, del interior salían unas lianas rojas cubiertas de sangre, estas atraparon a Taty, Robert y Jordi. Los gritos de terror rompían el silencio, mientras Isabel miraba horrorizada como las lianas se llevaban a sus amigos al interior del árbol.

Isabel corrió hacia arriba del camino, y el anciano seguía riendo siniestramente, mostrando en los ojos, un rojo intenso. Isabel caía en el barro y se levantaba una y otra vez. Las lágrimas caían por su rostro y sus labios repetían una u otra vez.

«Perdón, perdón...».

La aterrorizada Isabel llegó a la carretera y empezó a levantar los brazos a los autos que pasaban a toda velocidad. Desesperadamente, se puso en medio de la carretera y gritaba por ayuda. Un auto se acercaba a toda velocidad, Isabel movía los brazos rápidamente, pero el auto no se detenía, ella se puso los brazos en el rostro, y el auto la traspaso. El anciano apareció riendo siniestramente.

«Tu alma es mía. Jaja». Una liana atrapó a Isabel y la llevó al interior del árbol.

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