Gato negro (Black cat) [ES/EN]

Published on HivePostify by @rinconpoetico7 · Tue Aug 18 2026

Español Gato negro

«Hola, Ana. ¿Cómo estás?». Susana llegaba con una caja.

«Bien. Estoy queriendo empezar el día». Ana abría la boca.

«Te veo muy desmejorada, ¿Estás enferma?». Susana mostraba algo de preocupación.

«No, como crees. Solo estoy cansada. Esta semana ha sido muy pesada. Estoy esperando que llegue el sábado para descansar a gusto. Jaja». Ana levantaba los brazos tratando de sacudirse el sueño.

«Vamos a bailar y buscamos dos hombres sabrosos y... Jaja». Susana mostraba una mirada pícara.

«No, tú sabes lo mucho que me costó cortar con Tomás. No quiero encontrarme con otro tóxico. Jaja».

«Sí, que horrible hombre. Sinceramente no sé qué es lo que le viste. Ni siquiera es bonito. Jaja». Susana tomaba el café.

«Al principio fue muy encantador y luego pues empezó a querer dominarme y tenía que hacer lo que él deseaba. Fue una época difícil». Ana soltaba un suspiro largo.

«Bueno, bueno, levanta ese ánimo. Dejemos eso atrás». Susana se iba corriendo y luego regresaba con la caja. «Te traje un regalo, espero te guste. Jaja».

Ana miraba desconcertada la caja de color café, que tenía unos huecos. Quitaba el lazo rojo que estaba alrededor de la caja, y vio un gato negro que se estiraba y abría boca.

«¡Qué bonito gato!». Ana lo cargaba.

«Sabía que te iba a gustar. Ya tienes a quien mimar y dar cariño. Jaja». Susana acariciaba al gato.

El gato maullaba tiernamente y Ana lo apretujaba contra su pecho.

«Gracias, Susana. Es muy bonito». Ana pintaba una sonrisa.

«¿Qué nombre le pondrás?». Susana colocaba el dedo en su mejilla.

«Félix. Como el gato de las caricaturas. Jaja».

«Me parece bonito». Susana sacaba de la caja una bolsa de alimento.

El gato saltaba de los brazos de Ana. En ese momento, sonó el celular de Ana que estaba sobre la pequeña mesa de la sala. Félix se acercó hasta el celular y empezó a gruñir. Ana tomaba el celular y contestaba, solo se escuchaba una respiración.

«Hable. ¿Quién es? Mira, Tomas, me cansé de este jueguito, voy a demandarte si me sigues acosando».

La llamada se cortaba abruptamente.

«Ay, amiga. Deberías ir a informar a la policía». Susana la abrazaba.

«Es un tonto, pronto dejará de molestar. Ruego para que encuentre a otra a quien molestar».

Félix se acercaba y se restregaba en las piernas de Ana. Susana miraba al gato y sonreía.

«Mira el gatico también te consuela. Jaja».

Los días pasaban rápidamente, Ana seguía empeorado. El bello rostro de piel lozana lucía demacrado y con muchos granos, las ojeras se habían acentuado aún más. Un día, Ana no se pudo levantar de la cama, estaba totalmente cansada y el dolor en el cuerpo era casi inaguantable. Susana llegaba a visitar a su amiga.

«¿Amiga, qué te sucedió?». Susana se mostraba impresionada.

«Me siento fatal, amiga. Creo que es una gripe». Ana se limpiaba la nariz.

«No parece gripe. Eso es más extraño, deberías consultar a un médico». Susana le pasaba un vaso de agua con una pastilla.

«Mañana voy a eso. Ahora solo quiero descansar. ¿Dónde está Félix?». Ana miraba por toda la habitación.

«Lo vi por la cocina, ya lo traigo». Susana salía de la habitación.

Ana empezó a sentir mucho sueño, los párpados se le cerraban por más que quisiera mantenerlos abiertos. Se entregó al sueño y todo se volvió oscuro, de pronto, se despertó sobresaltada y se miró dentro de un salón viejo, unas antorchas rústicas iluminaban el lugar, el piso era de tierra, los muros estaban descoloridos y en partes tenían huecos que dejaban ver el exterior. Ana sintió escalofrío y buscó salir de ahí.

En ese momento, apareció Félix y miró fijamente a Ana con aquellos ojos verdes.

«¿Félix?».

El gato se movía rápidamente hacia una pared, en la cual apareció una puerta. Félix regresaba a ver a Ana y luego se metía. Ana desconcertada entró corriendo por la puerta. El gato estaba sentado frente a un altar, regresó a ver Ana. La mujer miraba desconcertada aquella escena escalofriante. Dos velones negros estaban a los lados el altar, en la cima había una foto de ella, pétalos de flores moradas esparcidas, un largo mechón de pelo con un papel arrugado.

Ana no podía creer lo que estaba viendo. Se arrodilló frente al altar y empezó a llorar. Félix se subía en el regazo de la mujer acongojada y maullaba suavemente. Ana acariciaba al gato, mientras veía el altar.

«¿Quién pudo hacer esto?».

En ese momento, se escucharon unos pasos, Ana se levantó de imprevisto y buscaba un lugar para esconderse. Los pasos se escuchaban más cerca, mientras tanto, Ana seguía buscando la forma de salir. Después de un momento, apareció por la puerta Tomás.

«Al fin llegué, amor».

Ana se tapaba el rostro.

«No me hagas daño».

Tomás se dirigía al altar sin ver a Ana y se arrodillaba. Sacó un alfiler y se picó una yema del dedo. Unas gotas de sangre empezaban a salir y las rociaba sobre el mechón de cabello, luego pronunciaba una oración.

«Señor de lo oscuro, te entregó mi sangre por la vida de mi amada. Llévala a tus dominios junto conmigo. Estoy listo para morir». Tomás sacaba un cuchillo y se cortaba la garganta.

Tomás caía sin vida sobre el piso de tierra, que se tiñó de rojo. Ana se tomaba la boca para no gritar. En ese momento, el alma de Tomás emergía del cuerpo.

«Amor, finalmente estás aquí». Tomás se dirigía a Ana. «Vamos a estar juntos en el Averno, por siempre, ven conmigo».

«Estas loco, Tomas, déjame en paz». Ana trata de huir.

«No hay opción, debes venir conmigo. El contrato se ha cerrado».

En ese momento, una sombra de ojos rojos salía del altar.

«Señor de lo oscuro, estamos listos. Llévanos a nuestra morada eterna». Tomás abría los brazos.

La sombra se dirigía hacia Tomás, mientras Ana corría fuera de ese lugar y una risa siniestra se escuchaba.

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