La sequía es una decisión
Published on HivePostify by @skunk1 · Tue Aug 18 2026
Francisco Turrión es hidrogeólogo y trabajaba en la Confederación Hidrográfica del Segura, el organismo público que gestiona la cuenca más seca de España. Entre 2005 y 2009 perforó ochenta pozos en Murcia. Sabía dónde estaba el agua porque se había pasado media vida sacándola.
En 2017 firmó un informe para Greenpeace en el que decía algo incómodo sobre su propia casa: que las cuentas del agua de la cuenca del Segura estaban mal hechas, porque el plan hidrológico solo computa el agua que baja por el río y deja fuera la que hay en los acuíferos. Hechos los números completos, sostenía, la cuenca no sería deficitaria. Tendría un superávit de unos 200 hectómetros cúbicos al año, y el trasvase Tajo-Segura podría cerrarse en tres años.
Lo dice él sin ningún eufemismo: «El déficit hídrico del que se habla en la cuenca del Segura es un artificio contable, es un error numérico que en mi opinión se estableció para poder justificar el trasvase Tajo-Segura y otros nuevos trasvases.»
En diciembre de 2017 su propia Confederación le abrió expediente y le impuso seis meses de suspensión de empleo y sueldo, por faltas calificadas de muy graves.
En marzo de 2019 un juzgado [anuló la sanción](https://www.eldiario.es/murcia/medioambiente/chs-sanciona-trabajadores-publicar-necesidad11651373.html). No por un defecto de forma. La sentencia declaró que «el auténtico móvil» del expediente era «coartar la libertad de expresión» del funcionario, recordó que «un contrato de trabajo no implica la privación de derechos que la Constitución reconoce» y condenó a la Confederación Hidrográfica del Segura a pagarle 12.000 euros por daños morales.
Aquí viene lo importante, y conviene decirlo antes de que nadie lo use en contra: podría ser que Turrión se equivocara en la cifra. Sus cálculos están discutidos técnicamente y las objeciones son serias. Se le reprocha haber subido la precipitación de la cuenca de los 7.132 hectómetros oficiales a 7.610, haber bajado la evapotranspiración del 89,4% al 80% sin explicar por qué, y sobre todo haber contado dos veces el agua infiltrada, lo que generaría unos 700 hectómetros que no existen.
Yo no puedo dirimir esa discusión, y no voy a fingir que sí. Pero hagamos una cosa: pongámonos en el peor caso para él. Supongamos que quienes le rebaten tengan toda la razón y que en el Segura no sobre ni un hectómetro. Aun así, o más bien precisamente entonces, el caso sigue siendo grave.
Un error de cálculo se rebate con otro cálculo, y sale gratis. Si los números de Turrión estaban mal, bastaba con publicar los números buenos y dejarlo en ridículo delante de sus colegas. En vez de eso se le abrió expediente, se le dejó medio año sin cobrar y un juez tuvo que decir por escrito que el objetivo era callarlo. Nadie gasta un expediente disciplinario en silenciar a alguien que se equivoca solo.
📹 [Entrevista a Francisco Turrión sobre el agua subterránea y los trasvases](https://skunk1.blog/2026/08/18/la-sequia-es-una-decision/) (vídeo, 7 minutos, en la versión completa del artículo en el blog).
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Por qué esto le afecta a usted aunque no viva en Murcia
Puede parecer una pelea de funcionarios. No lo es, y esta es la idea que sostiene todo lo demás.
Cuando se dice que una cuenca tiene déficit de agua, eso no es una medición. Es una cuenta. Alguien decide qué entra en la suma y qué se queda fuera: si se cuenta el agua subterránea o solo la superficial, qué porcentaje se da por evaporado, cuánta agua se le reserva al río antes de repartir el resto. Cambie una de esas decisiones y la misma cuenca pasa de deficitaria a excedentaria sin que haya caído una gota más.
Y de esa cuenta cuelga todo lo demás: cuánta agua se trasvasa, quién puede regar, cuántas hectáreas se mantienen en producción y qué precio acaba teniendo lo que usted compra.
Que no es teórico se está viendo ahora mismo. El trasvase Tajo-Segura ha movido en la última década unos 320 hectómetros cúbicos al año. Las nuevas reglas de explotación, construidas sobre los caudales ecológicos del Plan Hidrológico del Tajo, lo bajan a [248 hectómetros en 2026 y 193 en 2027](https://www.elespanol.com/eldigitalcastillalamancha/region/20250429/nuevas-reglas-explotacion-recortan-trasvases-manera-paulatina/10037437362530.html). Un recorte de en torno al 40%. Y el 13 de mayo de 2026 el Tribunal Supremo cerró la vía judicial al desestimar el recurso del sindicato de regantes, [fijando que el caudal ecológico es una restricción previa y superior a cualquier uso](https://www.elespanol.com/alicante/economia/20260521/supremo-asesta-golpe-definitivo-trasvase-tajo-segura-caudales-ecologicos-intocables/10037442549880.html): va por delante del regante, del abastecimiento y de la industria.
Traducido a lo concreto, que es lo que casi nunca se traduce:
Ciento veintisiete hectómetros cúbicos menos al año es agua de riego para decenas de miles de hectáreas de huerta en Murcia, Alicante y Almería. Esa agua no se sustituye sola. Lo que la sustituye es agua desalada, que cuesta varias veces más porque hay que bombearla y desalarla, y ese sobrecoste lo paga primero el agricultor y después usted en el supermercado. Cuando el agua sube lo suficiente, el cultivo deja de salir a cuenta: la finca se abandona o se vende, y el tomate, la lechuga y el pimiento vienen en camión desde Marruecos. Ha ocurrido ya con otros cultivos y no hay ninguna razón para pensar que este vaya a ser distinto.
Se puede estar a favor de esa decisión. Hay argumentos ambientales serios para dar prioridad al río, y no los voy a caricaturizar. Lo que no se puede es hablar de ello como si fuera el clima. Esos ciento veintisiete hectómetros no se los ha llevado la sequía. Se los ha llevado una decisión, tomada por escrito, con fecha y confirmada por el Supremo.
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El agua que en Murcia se tira por el alcantarillado
Si lo anterior le suena abstracto, hay un ejemplo que lo vuelve muy concreto, y es de la ciudad más seca de España.
En Murcia capital hay unos doscientos edificios que tienen que achicar agua del subsuelo de forma constante. Son sobre todo los que tienen dos o tres sótanos: el agua entra sola, y hay que bombearla día y noche hacia la red de alcantarillado para que no se inunden los coches. Si en Murcia se fuera la luz un par de días, los vehículos de los sótanos más profundos acabarían con el agua a la altura de las ventanillas.
Los vecinos pagan la electricidad de esas bombas. Y además pagan un peaje a la empresa municipal del agua por verter al alcantarillado y depurar lo que sacan, porque va a parar a una depuradora. Es decir: agua limpia del subsuelo, bombeada a costa del vecino, enviada a depurar como si fuera residual, y pagando por ello dos veces.
La pregunta que se cae de madura es por qué los regantes de la huerta de Murcia no pueden usar esa agua en vez de tirarla. Y la respuesta es exactamente la tesis de este artículo, así que léala despacio: porque el plan hidrológico dice que la cuenca del Segura es deficitaria, y en una cuenca deficitaria no se pueden otorgar nuevas concesiones.
Léalo otra vez. Hay agua, sale sola, molesta, cuesta dinero sacarla, y no se puede usar para regar porque un documento dice que no la hay. No la prohíbe la naturaleza. La prohíbe una cuenta.
Y no es un fenómeno de un par de sótanos. Turrión dirigió entre 2005 y 2009 la batería estratégica de pozos de sequía de la cuenca, ochenta pozos en Murcia, Orihuela, Lorca y Puerto Lumbreras que llegaron a movilizar del orden de 135 hectómetros cúbicos al año de agua potable. Describe pozos de cuatrocientos metros en los que el agua sube y sale sola a la calle, y niveles medidos durante diez años en los que el acuífero no solo no se vaciaba sino que algún pozo ganaba presión. Aquello funcionó durante toda la sequía de 2005 a 2009 y, dice él, mientras funcionó nadie fue a Madrid a pedir trasvases.
Aquí entramos en su testimonio personal, y como tal lo doy, porque no lo puedo verificar: cuenta que un jefe suyo le pidió enseñar todos esos pozos en funcionamiento a un equipo de televisión, para que la opinión pública se quedara tranquila. Estuvieron una mañana grabando, poniendo pozos en marcha. No se emitió nunca. Al preguntar, dice que le respondieron que desde la comunidad autónoma habían hecho saber que no sería bueno que aquello se supiera.
Su explicación de por qué es la frase más afilada de toda la entrevista: «El día que los murcianos vean su propia agua, les va a dar igual el Tajo. Van a exigir la suya.»
Y sobre el fondo del asunto, que es cuánta agua hay ahí abajo, esta vez no hace falta creerle a nadie. Un estudio del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales y el Departamento de Física de la Universidad Autónoma de Barcelona, publicado en la revista PNAS, midió con radio-228 como trazador natural la descarga de agua subterránea al conjunto del Mediterráneo. El resultado: ese caudal que se va al mar por debajo es comparable al de los ríos y puede llegar a ser hasta quince veces mayor.
Quince veces. Por cada Segura que usted ve llegar al mar, puede haber hasta quince Seguras que no ve. No es agua disponible sin más, conviene decirlo: parte está sobreexplotada, parte contaminada por nitratos y parte a profundidades cuyo bombeo cuesta una fortuna. Pero es agua que existe y que no entra en la cuenta que decide si usted puede regar.
La segunda cuenta: 737 demoliciones y un resultado que nadie anota
Hay otra cifra que decide sobre el agua española, y con esta el problema no es que esté discutida. Es que no está.
El 20 de mayo de 2020 la Comisión Europea publicó su Estrategia sobre la biodiversidad de aquí a 2030, que fija un objetivo con número y con fecha: que al menos 25.000 kilómetros de ríos de la Unión vuelvan a ser de caudal libre en 2030, «mediante la eliminación de los obstáculos esencialmente obsoletos». España lo ejecuta a través de la Estrategia Nacional de Restauración de Ríos, y el Ministerio para la Transición Ecológica lleva la cuenta en su [propio documento](https://www.miteco.gob.es/content/dam/miteco/es/agua/temas/delimitacion-y-restauracion-del-dominio-publico-hidraulico/estrategia-nacional-restauracion-rios/pdfs/ENRR-2022-2030.pdf): 737 azudes y presas obsoletas demolidos en ríos españoles, 105 de ellos en 2021 y 139 en 2022.
La cifra, tal cual, en la página 23 de la Estrategia Nacional de Restauración de Ríos. No hace falta filtración ninguna: lo publica el ministerio que ejecuta las demoliciones
El ritmo europeo no ha parado desde entonces: en 2025 se retiraron 603 barreras en el continente, quinto récord anual consecutivo, y España fue el tercer país con 109.
Fíjese bien en la unidad de medida, porque es la clave de lo que viene. El objetivo no se mide en demoliciones. Se mide en kilómetros de río liberado. Derribar una barrera no es el fin, es el medio. Lo que justifica el gasto son los kilómetros.
El colectivo Aguaiuris hizo un trabajo que la Administración no hizo: reunió con datos oficiales el listado completo, barrera por barrera. No es una cifra suelta, son 559 registros con nombre, cauce, provincia, municipio, coordenadas, altura, organismo que ejecutó la obra y kilómetros reconectados. Ese fichero es público y el mérito de haberlo recopilado es suyo. Lo que sigue sale de sumar sus columnas.
Las 559 barreras suman 1.427 kilómetros reconectados. Pero al mirar registro por registro aparece esto:
477 de las 559 demoliciones, el 85%, figuran con cero kilómetros. Todo el kilometraje lo aportan 82 actuaciones. En ocho de cada diez expedientes, el beneficio que justifica la obra no está anotado.
Un cuadrado, un expediente. Los 82 de color son los que acreditan kilómetros de río recuperado. Los 477 grises son los que no anotaron ninguno
Y hay una comparación que lo pone en perspectiva. En 2025 las 603 demoliciones europeas declararon 3.740 kilómetros reconectados, unos 6,2 kilómetros por barrera. El listado español acumulado da 2,55 de media, y eso contando los ceros. Son fuentes y periodos distintos y no conviene forzar la comparación, pero el orden de magnitud dice algo: o en España se reconecta mucho menos por cada demolición, o no se está anotando lo que se reconecta.
Antes de seguir, una precisión honesta que juega en contra de lo que suele contarse sobre esto: la mayoría de lo demolido es pequeño. La altura mediana de las 559 barreras es de 1,24 metros. No son pantanos y no se está desmantelando la capacidad de embalsar agua de España. Quien diga eso miente, y le regala el argumento al primero que abra la hoja de cálculo.
Pero el problema no era el tamaño. Era el resultado.
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Por qué esto es grave, dicho sin adornos
Junto lo anterior en cuatro frases, porque cada una es comprobable por separado y la suma es lo que importa:
- Son obras pagadas con dinero público, buena parte con fondos europeos. - Se hacen para cumplir un objetivo que se mide en kilómetros de río. - Se están acelerando: cinco años seguidos de récord europeo. - Y en el 85% de los expedientes los kilómetros no constan.
Es decir: hay un programa en marcha, cada vez más rápido, financiado con impuestos, cuyo resultado la Administración no está en condiciones de acreditar. O no se está midiendo, o no se está consiguiendo. Las dos posibilidades son malas y no hace falta elegir entre ellas para exigir una explicación.
Dicho de la manera más simple que se me ocurre: si mañana usted quisiera saber qué se consiguió exactamente derribando el azud de su río, y cuánto costó, la respuesta no existe en ninguna parte.
No estoy diciendo que haya un delito, y no lo voy a decir porque no lo sé y porque nadie ha acreditado que se dictara resolución injusta alguna. Estoy diciendo algo más aburrido y más difícil de negar: que esto es un problema de justificación del gasto público, del tipo que debería mirar el Tribunal de Cuentas, y que a un programa que gasta y acelera hay que poder pedirle que enseñe lo que ha conseguido.
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