No faltaron medios, faltó la orden
Published on HivePostify by @skunk1 · Sat Aug 29 2026
Segunda parte de cuatro sobre la DANA del 29 de octubre de 2024. Esta trata de los medios: qué había, dónde estaba y por qué no se movió.
El 4 de noviembre de 2024, seis días después de la riada, el teniente general Francisco Javier Marcos Izquierdo, jefe de la Unidad Militar de Emergencias, explicó ante los periodistas por qué su unidad no había estado antes en los pueblos:
> Yo puedo tener mil soldados en la puerta de la emergencia, pero no puedo entrar legalmente hasta que el director de la emergencia me autoriza.
En esa misma comparecencia afirmó también que la UME ya estaba realizando labores de rescate cuando llegó el aviso oficial de la Generalitat.
Las dos frases no pueden ser ciertas a la vez. O no se podía entrar sin autorización, o se entró antes de tenerla. Y lo interesante es que las dos son ciertas, cada una a su manera, y que entender por qué es entender lo que pasó aquel día.
Un apunte antes de seguir. La [primera parte de esta serie](https://hive.blog/@skunk1/la-alerta-que-no-se-dio) trató de la información: el caudal del barranco del Poyo se disparó de 200 a casi 2.300 metros cúbicos por segundo entre las 17:30 y las 19:00, ese dato estaba en una pantalla, y el mensaje a los móviles no salió hasta las 20:11. Aquí se da por sabido. Lo que viene ahora es qué se hizo con esas mismas horas.
La excusa tiene una mitad de verdad
Conviene empezar concediendo lo que hay que conceder, porque si no, el resto no se entiende.
Un ejército no es un cuerpo de bomberos. Las Fuerzas Armadas son una institución jerarquizada y no se despliegan por decisión de quien manda la unidad: los medios no son suyos, son del Estado, y salen cuando alguien con competencia para ello lo ordena. Eso no es una excusa inventada para la ocasión, es cómo funciona, y hay una razón sólida para que funcione así. Un país donde los coroneles sacan la tropa a la calle cuando les parece que hace falta tiene un problema peor que una inundación.
La Asociación de Tropa y Marinería Española lo dijo por escrito el 1 de noviembre de 2024, defendiendo a los suyos: los militares querían salir desde el primer momento, pero hacía falta la solicitud del gobierno autonómico o la orden del Ministerio de Defensa.
Así que la frase del general no es un embuste. Es una descripción correcta del procedimiento.
El problema es otro, y es más grave que una mentira. Es que ese procedimiento tiene un mecanismo previsto para cuando quien debe pedir la ayuda no la pide, y ese mecanismo no se usó. Lo que sigue es la cronología de las horas en que no se usó.
Noventa y seis
La cronología del despliegue la expuso la ministra de Defensa, Margarita Robles, en el Senado, y está levantada sobre los expedientes de la propia UME. La reproducen medios de líneas editoriales muy distintas y sus horas clave aparecen también en el material de la instrucción del juzgado de Catarroja. No es, por tanto, la versión de nadie: es el relato oficial.
Dice esto:
- 7:47 del 29 de octubre. El general jefe de la UME suspende las actividades previstas y ordena revisar el equipamiento de inundaciones. A esa hora ya se sabía que venía algo. - 15:28 y 15:41. Sale de la base de Bétera el elemento de reconocimiento del Batallón de Intervención en Emergencias III, en concepto de alerta temprana, hacia la zona de Utiel-Requena. - 15:59. La Generalitat solicita formalmente la activación de la UME. Solo para la zona de Utiel-Requena. - 16:36. Salen los elementos de primera y segunda intervención: 55 militares y 23 medios. - 17:35. Llegan a Utiel-Requena. - 20:36. La Generalitat traslada la solicitud de activación de la UME para toda la provincia de Valencia. En ese momento hay en zona 96 militares y 44 medios. - Entre las 00:15 y las 5:00 del día 30, ya de madrugada, empiezan a salir los batallones desde Morón de la Frontera, León y Torrejón de Ardoz. - 9:11 del día 30. Hay 1.116 militares y 344 medios de la UME, incluidos dos helicópteros. - 22:05 del día 30. Hay 1.147 militares y 402 medios. Se han rescatado 102 personas y recuperado 22 cadáveres.
Léalo otra vez con el hidrograma de la primera parte al lado.
A las 17:35, cuando el barranco del Poyo empieza a ponerse de pie, la Unidad Militar de Emergencias tiene en la provincia de Valencia a 55 militares, y los tiene en Utiel-Requena, a sesenta kilómetros y en el otro extremo, porque es lo único que se había pedido.
A las 20:36, cuando por fin se pide la unidad para toda la provincia, el barranco ya ha reventado, el agua lleva horas dentro de las casas y hay 96 militares en toda Valencia.
Noventa y seis. No es una cifra de un panfleto ni el cálculo de un crítico: es el número que da el Ministerio de Defensa cuando cuenta lo bien que lo hizo.
Las ocho horas que no son las que parecen
En su balance del año 2024, la UME resume así aquella operación: el mayor despliegue de su historia, 2.200 efectivos y 600 medios, y 1.200 intervinientes posicionados en zona en las primeras ocho horas.
Es verdad. Y no significa lo que parece.
Esos 1.200 son, con toda evidencia, los 1.116 de las 9:11 de la mañana del día 30. Las ocho horas se cuentan desde que llegó la orden para toda la provincia, no desde que la gente empezó a ahogarse. Medidas desde el momento en que el barranco se puso vertical, son quince horas.
Esta es la operación que hay que aprender a hacer con cualquier cifra oficial de aquellos días, y no solo con las militares. El número casi nunca es falso. Lo que hay que mirar es desde cuándo cuenta y qué mete dentro. Los partes de Moncloa hablan de 36.721 personas «rescatadas» a 9 de noviembre, y ahí dentro va gente evacuada, asistida y trasladada, no treinta y seis mil personas sacadas del agua. Cuando el dato baja al detalle y se puede fechar, el orden de magnitud es otro: a las diez de la noche del día 30, 102 rescatadas y 22 cadáveres.
Lo que estaba a veinte minutos
La base de la que salió aquel reconocimiento a las 15:41 es la base Jaime I de Bétera, en la propia provincia de Valencia. En esa misma base está el Batallón de Helicópteros de Emergencias II, con tres Cougar. Orgánicamente pertenece a las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra; operativamente depende de la UME, y su misión declarada es el apoyo a la población civil en caso de catástrofe y las tareas de auxilio y rescate.
En la cronología oficial, los helicópteros aparecen por primera vez a las 9:11 de la mañana del día 30. Dos.
A veinticinco kilómetros de Valencia, en Marines, está la base General Almirante, donde se acuartela el Regimiento de Caballería Lusitania número 8, con vehículos Centauro y con vehículos de exploración de caballería, es decir, con maquinaria pesada capaz de moverse por un terreno que a un turismo lo arrastra.
No hace falta hacer el inventario completo del Ejército español para ver el problema. Basta con esto: el batallón de helicópteros de emergencias del Estado estaba en la misma provincia, en la misma base de la que salió el reconocimiento, y bajo el mando operativo de la propia UME. Y aun así, todo dependía de que alguien, a sesenta kilómetros de allí, ampliara por escrito el ámbito geográfico de una solicitud.
Los que se ofrecieron y no les dejaron
Lo mismo pasó fuera del ámbito militar, y ahí el caso es todavía más nítido, porque la unidad de la que se trata estaba entrenada exactamente para eso y lo estaba desde hacía dos meses.
El sindicato policial Jupol denunció que el Ministerio del Interior impidió movilizar a la Unidad Especial de Subsuelo de la Policía Nacional el día de la DANA. Es la unidad que trabaja en alcantarillado y colectores, la que tiene bombas de achique, y dos meses antes de la riada había hecho un curso específico de rescate en riadas, formándose junto a la propia UME. La mayoría de los agentes que hicieron aquel curso se presentaron voluntarios. No les dejaron ir.
A los policías que se ofrecieron por su cuenta, según el mismo sindicato, se les respondió que se apuntaran al 112, como cualquier vecino con una pala. El resultado sobre el terreno fue que en los pueblos había policías locales llegados de municipios de toda España y no había Policía Nacional.
Aquí conviene decir el daño en castellano llano, porque esto se cuenta muchas veces como un agravio corporativo y no lo es. La Unidad de Subsuelo es la gente que sabe entrar en un espacio cerrado, bajo tierra, lleno de agua y de barro. El 29 de octubre en Valencia la gente se estaba muriendo en garajes, bajos y trasteros: espacios cerrados, bajo tierra, llenos de agua y de barro. Existía en España un grupo de personas específicamente adiestrado para el problema exacto que estaba matando gente esa noche, esas personas pidieron ir, y la decisión fue que no.
Este es el testimonio del portavoz de Jupol sobre aquellas primeras cuarenta y ocho horas:
https://play.3speak.tv/embed?v=skunk1.media/samuel-vzquez-sobre-las-pri-48
El que lo contó
Un cabo primero del Ejército de Tierra, Eric Silva, grabó un vídeo contando lo que estaba viendo: que había tropa desplegada a la que se destinaba a zonas donde, en sus palabras, no había absolutamente nada que hacer. La grabación se difundió por redes.
El Ministerio de Defensa le abrió expediente por falta muy grave y acordó su suspensión de funciones durante seis meses, que es el máximo que la ley permite mientras se instruye, más la pérdida del destino. Su abogado sostuvo que no fue él quien difundió el vídeo.
Hay que decir con cuidado lo que este caso prueba y lo que no. No prueba que lo que contó fuera cierto: eso habría que acreditarlo aparte. Prueba otra cosa, y es suficiente por sí sola: que en aquel despliegue hablar salía caro. Y de ahí se sigue una advertencia elemental para todo lo que se lea sobre aquellos días. Si alguien concluye que no hubo nada anómalo porque casi ningún militar lo ha denunciado en público, está confundiendo el silencio con la ausencia de motivos. El silencio de una tropa que ha visto lo que le costó a uno de los suyos no informa de nada.
Esta es la conversación larga con un teniente del Ejército de Tierra en la reserva que estuvo destinado en la UME, sobre cómo funcionan por dentro la unidad y el Ejército, de la que sale buena parte del contexto de este artículo:
https://play.3speak.tv/embed?v=skunk1.media/entrevista-a-galo-dabouza-e-70
La redundancia que no funcionó
Y aquí es donde la excusa del general deja de servir, porque el sistema tiene previsto exactamente este caso.
En cualquier procedimiento de emergencia serio hay redundancia: si un elemento falla, otro lo suple. Es la razón por la que un avión lleva dos motores y dos pilotos. En el sistema español de protección civil esa redundancia tiene un nombre concreto, la emergencia de interés nacional, el llamado nivel 3, que traslada la dirección al Estado y pone bajo mando único todos los recursos disponibles, incluidos los que ninguna comunidad autónoma puede movilizar por sí sola.
Y la declara el ministro del Interior. No hace falta que se la pidan.
Por eso el reparto de culpas que ha ocupado casi todo el debate público, si la Generalitat tardó cinco horas en pedir la UME para toda la provincia, es una discusión que le viene muy bien a todo el mundo. Es cierta y es insuficiente. La pregunta que casi nadie hace no es por qué el que tenía que pedir tardó en pedir. Es por qué el que no necesitaba que le pidieran nada no hizo nada.
La respuesta consta por escrito, y la puso la propia jueza que instruye la causa en Catarroja. En un auto en el que rechazaba imputar a la delegada del Gobierno y al presidente de la Generalitat, la magistrada dejó dicho esto:
> Existió consenso a nivel autonómico y central en que no procedía la declaración de emergencia nacional ni el día 29 de octubre ni en los días posteriores.
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