Cundeamor: una obra de títeres que viaja en bicicleta
Published on HivePostify by @tiolucioviajero · Thu Sep 03 2026
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Cundeamor: una obra de títeres que viaja en bicicleta
Una temporada de teatro, público, caminos y mucho amor por los títeres. Vaya, para seros franco, mucho más camino y amor por los títeres. Jajaja. Porque la crisis del transporte cubano es ya parte de un chiste de mal gusto con sabor a realismo socialista de… De aquellos que nos obligaron a leer.
Lo que es seguro: hay obras de teatro que se presentan. Y hay obras que se convierten en compañeras de viaje. Cundeamor es para nosotros una de esas obras llenas de infinita compenetración; de crecer y caminar juntos.
Durante todo este 2026, Cundeamor ha vuelto a protagonizar nuestras funciones. Ha viajado en nuestras mochilas, ha llegado a Teatros, Escuelas, Casas de Cultura, Parques, Galerías y espacios comunitarios, ha conocido públicos diferentes y, sobre todo, nos ha permitido reencontrarnos una y otra vez con aquello que más amamos: actuar para la gente y darle vida a los títeres.
Este año Cundeamor nos ha regalado una temporada especialmente hermosa. Una temporada hecha de funciones, ensayos, correcciones, viajes, cansancio, risas, aprendizajes y aplausos. Una temporada que también nos ha demostrado algo que ya sabíamos, pero que hemos vuelto a comprobar:
cuando existe amor por el teatro, siempre encontramos la manera de llegar.
Incluso cuando hay dificultades; cuando el camino se hace largo; cuando tenemos que ir a pie; o la bicicleta (esta vez, por obligación más que por Hobby), se convierte en nuestro medio de transporte, nuestro vehículo teatral y, casi podríamos decir, nuestro pequeño escenario ambulante.
Cundeamor, un personaje que sigue caminando
La historia que llevamos a escena tiene como protagonista a Cundeamor, un pequeño personaje simpático, curioso, intrépido, y siempre dispuesto a aprender.
En el relato, una epidemia de fiebre afecta a su pueblo y Cundeamor decide emprender viaje hacia el valle que está entre las montañas, donde, según los ancianos, puede encontrarse la cura a cualquier enfermedad.
Para llegar debe atravesar el monte, encontrar el camino y superar diferentes pruebas.
En ese recorrido conoce al Búho, al Loro y a las brujas. Encuentra refranes, resuelve adivinanzas, juega con trabalenguas, descubre nuevos amigos y finalmente consigue aquello que buscaba.
Pero hay algo todavía más hermoso.
Cuando recibe una bolsa de oro, Cundeamor no piensa solamente en sí mismo. A su regreso, la comparte con los enfermos de su pueblo. Su viaje, por tanto, no termina en él, en su propio éxito; sino que logra lo que todos los nobles quisiéramos, dar más allá de aquello que recibimos.
Y esa es una de las razones por las que sentimos que Cundeamor tiene tanto que ver con nuestra propia manera de entender el teatro. Porque nosotros también queremos caminar hacia la gente; regresar a la comunidad. No basta con ser actores, titiriteros… Creemos que aquello que recibimos debe ser compartido.
El guion que hemos recuperado y publicado en Títeres del Alma conserva precisamente ese espíritu de aventura, aprendizaje, participación y solidaridad. Las adaptaciones que le hemos realizado se orientan solo a la manera de concebir las acciones, hacia todos los públicos; pues defendemos, de ser posible según la semántica de cada obra, el Teatro para las familias.
Un clásico que continúa vivo
Cundeamor nace del universo teatral de Francisco Garzón Céspedes, una figura fundamental de la creación escénica y literaria para la infancia en Cuba.
La obra forma parte del universo de Redoblante y Cundeamor, creado por Garzón, y ha tenido numerosas puestas en escena a lo largo de los años. El propio autor recoge la trayectoria de estas obras y recuerda, con mucho cariño, entre otros intérpretes, el trabajo de Adalett Pérez Pupo en el personaje de Redoblante/Cundeamor.
Y aquí aparece algo que para nosotros tiene un significado muy especial. Adalett no se acerca a Cundeamor como quien descubre una obra cualquiera. Entre ellos existe una historia personal basada en la memoria. Una relación con este personaje que viene de mucho tiempo atrás.
Para Luciano también hay una emoción particular.
Esta es una obra que escuchó cuando era niño en su pueblo natal. Y quién iba a decir que muchos años después estaría llevándola a escena junto al maestro y titiritero al que había visto y escuchado por la televisión durante su infancia. Ese tipo de encuentros son los que hacen que el teatro sea mucho más que una profesión.
Son encuentros con nuestra propia identidad.
Cundeamor en el Teatro Aldaba
De todos los espacios que nos han recibido durante esta temporada, el Espacio Teatral Aldaba ocupa un lugar muy especial. Allí hemos tenido la oportunidad de presentar Cundeamor varias veces y de reencontrarnos con un público que nos ha hecho sentir que el trabajo vale la pena.
Irene Borges y Cundeamor
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Cada función en el Teatro Aldaba ha sido también un ensayo de nuestra propia capacidad para escuchar. Porque una obra no termina cuando el público aplaude. La obra continúa cuando los artistas son capaces de preguntarse:
¿Qué podemos mejorar?
Y en ese sentido hemos tenido una fortuna enorme. La directora Irene Borges nos ha acompañado con sus observaciones, sus críticas y sus recomendaciones. Nosotros, como el Cundeamor, ávidos de aprendizaje, hemos recibido sus notas con todas las ganas. Porque, como le recuerdo decir siempre a mi amiga Lisette Silverio, del Grupo La Chinche: el proceso es tan importante como el resultado.
Confesemos -al menos mis temores-; no siempre es fácil escuchar que algo debe cambiar. Mucho menos cuando uno ama profundamente el camino que recorre, y no percibe esos baches en la vía.
Pero el verdadero artista no solamente necesita aplausos.
También necesita quien le diga:
> "Luciano. Esto puede estar mejor. Deja que esas máscaras de vivan a ti, se apropien, utilicen tu cuerpo para sus propósitos"…
Y las notas de Irene (junto a las de Asdrubal), nos han ayudado a mirar nuestra propia obra con otros ojos. Ajustar. Limpiar. Precisar. Mejorar ritmos. Revisar acciones. Distanciar aquí, recortar allá. Escuchar mejor al público. Cuidar detalles…
Y, sobre todo, seguir creciendo. Porque, vayamos al caso, de qué sirven las expresiones: “uy, que lindo les quedó, me encantó…” Porque para dos actores que trabajan casi siempre solos, que se dirigen ellos mismos, estas notas llegan a ser la mejor cura.
El público nos ha enseñado muchísimo
Una de las cosas más hermosas de trabajar con niñas, niños y familias es que ellos no mienten. Si están aburridos, se levantan. Si no les gusta, se nota. Si no entienden algo, se nota. Si un personaje les interesa, lo siguen. Si quieren ayudarlo, hablan. Si quieren advertirle de un peligro, gritan.
Y si algo los hace reír...
la sala se llena de vida.
Cundeamor está construido precisamente para ese encuentro de las familias.
Los personajes dialogan durante casi toda la obra con ese público, que, sin notarlo, ha llegado a ser parte del entramado artístico. El protagonista en especial, dialoga. Pregunta.
El narrador se relaciona con los espectadores. El Loro propone trabalenguas y adivinanzas. Los niños tienen que pensar. Responder. No hay escapatoria. Porque, sobre todos ellos velan los titiriteros. Quienes les “obligan” entre risas y complicidades, a ayudar, y ser parte.
En el propio guion, los titiriteros invitan al público a resolver las adivinanzas, los trabalenguas y refranes. El narrador no se queda atrás en este juego de roles y, por eso, además de la dinámica misma, cada función es diferente. Porque nunca sabemos exactamente qué va a ocurrir cuando Cundeamor mire hacia el público.
Como cuando una niña dijo: “No sé”… Una respuesta muy normal al inicio, pero de la que no se puede avanzar sin que esa pequeña haya encontrdo una nueva respuesta en su vida, gracias a nosotros, los teatristas.
Uf, cuanta alegría hacer lo que hacemos.
Cuando los niños hablan con los títeres
Hay un momento mágico que todo titiritero conoce. El momento en que el público deja de mirar al títere como un objeto.
Ahí es cuando comienza a creer lo maravilloso: que el títere está vivo y tiene una historia real que compartir con ellos. Relato en el que ese personaje, habla y también escucha. Que puede equivocarse. Que necesita ayuda…
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