En Bicicleta de La Habana a Placetas: pedaleando hacia mamá Es-En

Published on HivePostify by @tiolucioviajero · Sun Aug 23 2026

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De La Habana a Placetas en bicicleta: pedaleando hacia mamá

Hay viajes que uno hace para conocer un lugar. Otros, para escapar... Algunos, para buscarse a uno mismo y ser más conscientes.

Luego están esos viajes que uno hace por alguien.

Este Viaje en Bici de la Habana a Placetas ha sido, a la verdad, uno de esos gestos que realizamos por puro compromiso, más que por el encanto mismo de emprender caminos. ¿Qué le vamos a hacer? No todo es color rosa; y, algunas pocas veces, terminamos por ser más mercenarios que mochileros (aunque sea por amor).

¡A rodar!

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. Me acompaña Pudding, mi compañero de tantos viajes mochileros.

Un día cargué mi bicicleta, unas cuantas cosas y unos regalos que mi hermana había mandado conmigo desde Moscú para nuestra madre. Yo tenía que llevarlos hasta Placetas, en el centro del país.

Conoces que [Cuba](https://mibitacoradeviajes.com/articulos-interesantes/cuba-la-llave-del-caribe/) está "algo" peor cada día, ¿verdad? El pasaje de un transporte público seminormal ronda el precio de todo un año de trabajo (de solo ida). No exagero. En estos momentos, las [rutas en Bicicleta por Cuba](https://mibitacoradeviajes.com/relatos-de-viajes/viaje-en-bici-a-puerto-escondido-mayabeque/) no son solo uno de nuestros hobbies.

Así, pensé que había una manera especialmente bonita de hacer este viaje comprometido: pedaleando.

De esta manera comenzó “mi viaje en bicicleta de La Habana a Placetas”, siguiendo buena parte del recorrido (casi todo) por la vieja Carretera Central.

Os confieso: No llevaba grandes planes turísticos; ni visita a monumentos. No tenía necesidad de tachar lugares de una lista, ni mucho menos, ganas de estrenar la Bici con un viaje como este…

La misión era sencilla: llevar unos regalos a mamá.

Una bicicleta caprichosa... Con eso bastaba.

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La Carretera Central

Salir de La Habana en bicicleta es comenzar a sentir Cuba de otra manera. Cuando uno viaja en coche, los kilómetros pasan detrás de las ventanillas. En bicicleta, los kilómetros pasan por las piernas y te rozan la cara.

El paisaje se acerca despacio. Los olores llegan sin pedir permiso. El calor se siente de verdad. Los pueblos aparecen poco a poco. Uno escucha los perros, las conversaciones, los motores, los pájaros y ese particular silencio de las carreteras cubanas cuando por un momento no pasa nadie.

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El Centro de Cuba

Cuando pienso en el Centro de Cuba no lo hago pensando en esa ubicación; aunque en verdad lo es. Sino que viajé en Bici hasta allí y la mitad del país estaba apagado.

Como ya eso de la escacez de combustible y otros valores humanos es noticia de todos los cotilleos del mundo, mejor ni perdamos tiempo hablando al respecto. (Además, le tengo miedo al Decreto Ley 35...).

Mejor volvamos al tema de las rutas en bicicleta por Cuba, que son más interesantes y menos peligrosas.

Entre Maravillas cubanas

La Carretera Central tiene algo especial.

No es simplemente una carretera de las caracterizadas por el tráfico de un país entero. Es una de esas obras que terminaron convirtiéndose en parte de la historia y de la geografía del país.

Su construcción comenzó en 1927, para ser inaugurada en 1931; llegando a ser hasta el día de hoy Una de las [7 Maravillas de la Ingeniería Civil Cubana](https://mibitacoradeviajes.com/articulos-interesantes/las-7-maravillas-de-la-ingenieria-civil-cubana/). Atraviesa la isla desde el Cabo de San Antonio hasta la [Punta de Maisí](https://mibitacoradeviajes.com/relatos-de-viajes/faro-punta-de-maisi/). Conecta poblaciones que ya existían mucho antes de su concepción, y otras cuyo desarrollo quedó profundamente ligado a las comunicaciones por carretera y ferrocarril, en tiempos de la República.

Recorrerla en bicicleta permite descubrir detalles que probablemente pasarían desapercibidos desde un automóvil. A mí hubo uno que me llamó especialmente la atención.

Los puentes elevados

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A medida que avanzaba y entraba en los pueblos, la carretera se levantaba. Yo comenzaba a pedalear cuesta arriba. Y entonces se erguía el puente. Un puente elevado que llevaba la carretera por encima de las vías del ferrocarril. Esta escena parecía repetirse una y otra vez.

La línea férrea quedaba abajo, atravesando el pueblo como una cicatriz antigua que recuerda otra época de esta Cuba bella.

Yo, desde arriba, observaba las vías perdiéndose hacia ambos lados. Me fascinaba aquella convivencia. En especial, por lo repetido que se siente. Es como una identidad gráfica de estos pueblos que se suceden a lo largo de esta vía.

La complicidad rítmica del transporte: el automóvil y el tren. La carretera y el ferrocarril. Dos formas distintas de atravesar la isla, entrelazándose una y otra vez.

En muchos de aquellos pueblos la carretera parecía haber aprendido a saltar por encima del ferrocarril.

Y desde la bicicleta la sensación era todavía más curiosa. Llegabas pedaleando. Subías. Coronabas el puente. Mirabas hacia un lado. Mirabas hacia el otro. Y abajo estaba la vía férrea.

Era como si durante unos segundos pudieras contemplar dos épocas distintas de Cuba al mismo tiempo.

El ferrocarril, que había sido fundamental para el desarrollo económico y para el surgimiento de numerosos asentamientos cubanos, había marcado profundamente el territorio. Mucho antes de la Carretera Central existían ya extensas redes ferroviarias vinculadas especialmente a la industria azucarera. Sé que muchas hoy están en desuso y en ruinas…

Después llegó la carretera. Y allí estaban las dos, sucediéndose una a la otra sin competir. Y en estos casos, a los ingenieros se les ocurrió que en este intervalo una fuese encima de la otra.

Viajar en Bicicleta por Cuba se ve diferente

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Pedalear por Cuba tiene algo que no sé explicar del todo. Quizá sea porque la bicicleta elimina esa distancia que normalmente existe entre el viajero y el lugar. En un coche puedes pasar por un pueblo sin detenerte.

En bicicleta, el pueblo te entra por los sentidos. Ves las casas con sus portales multifacéticos. Los niños, los perros, las bodegas. La gente sentada afuera (a quienes con frecuencia les pido agua para beber). Las viejas construcciones. Las estaciones y las huellas del ferrocarril…

Y, por supuesto, esos puentes.

Algunos están cansados ya. Otros, parecen haber sobrevivido a muchas décadas de sol, lluvia y abandonos. Pero siguen allí, un detalle más del paisaje; que forma parte de esa Cuba normal, al salirse de las rutas habituales.

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Pedalear con un propósito

Entre mis confesiones acostumbradas, debo deciros que no soy ciclista. Amo la Bici, pero no me considero en condiciones, ni experiencia, ni horas encima de una como para considerarme ciclista. Sin embargo, mi amor por ellas me permite defender esta relación que no va más allá de viajero-transporte.

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