Crónicas de lo Absurdo #34. El muro que arregló la vista. [ES/EN]

Published on HivePostify by @vladimirmf · Wed Sep 02 2026

🇪🇸 En Español

Crónicas de lo Absurdo #34 ==========================

El muro que arregló la vista ----------------------------

Hola querida comunidad @holos-lotus, regreso una vez más para compartir una nueva entrega de esta serie:

Crónicas de lo Absurdo.

> Esta es una serie de crónicas sobre lo cotidiano, sobre esas escenas que se repiten tanto que dejan de parecernos extrañas. Aquí no hay exageración ni ficción forzada. El absurdo no se inventa, se observa. Son textos nacidos de la experiencia diaria, de la espera, de las normas sin sentido, de los gestos que todos conocemos y que casi nunca cuestionamos. No pretenden dar respuestas, solo detenerse un momento y mirar con atención eso que hemos aprendido a aceptar.

En esta trigésima cuarta edición el tema es:

El muro que arregló la vista.

Fuente [Pixabay](https://pixabay.com/photos/taranto-buildings-old-buildings-265211/)

Hay algo que siempre me ha llamado la atención en las ciudades: la importancia que algunas veces le damos a lo que se ve desde determinados lugares.

No es extraño que una ciudad quiera estar limpia y bonita.

Al contrario.

Una ciudad cuidada habla bien de quienes la habitan y de quienes tienen la responsabilidad de mantenerla.

El problema aparece cuando la prioridad deja de ser cuidar la ciudad y pasa a ser cuidar solamente aquello que alguien importante podría llegar a ver.

Durante muchos años, en Cuba fue bastante común que determinadas empresas estatales se encargaran, entre comillas, de reparar, pintar o embellecer las fachadas situadas en los recorridos por donde podían pasar caravanas de inspección, visitas importantes o determinadas actividades.

Y entonces ocurría algo curioso.

Se podía pintar un edificio que daba directamente a una avenida principal mientras, apenas unos metros más atrás, otro edificio permanecía sucio, deteriorado y con las huellas del tiempo perfectamente visibles.

Desde un automóvil que circulaba por la avenida, todo podía parecer bastante mejor.

Pero bastaba caminar unos metros hacia un lateral para descubrir que la pintura había sido mucho más selectiva de lo que parecía.

Era una especie de escenografía urbana.

La ciudad tenía una cara para ser observada desde la carretera y otra para quienes vivían detrás de ella.

Y esto no se limitaba solamente a pintar.

En ocasiones, cuando un inmueble se deterioraba demasiado o incluso sufría un derrumbe, aparecía otra solución mucho más sencilla:

un muro.

Si ya no se podía mostrar el edificio, se levantaba una pared delante del espacio que había quedado vacío.

Después se pintaba.

Y desde la avenida...

problema resuelto.

O al menos eso parecía.

Recuerdo especialmente una zona a la entrada de Matanzas, en una de las áreas más antiguas de la ciudad.

Allí existía un edificio de dos niveles, con una parte superior muy vieja y deteriorada.

La solución que se encontró para que quienes llegaran a la ciudad por carretera no vieran aquel deterioro fue colocar un enorme cartel de bienvenida a Matanzas.

Y debo reconocer que la idea tiene cierta genialidad.

Si no podemos arreglar el edificio...

¡pongamos algo delante!

Y si además dice "Bienvenidos a Matanzas", mucho mejor.

El visitante puede concentrarse en el mensaje de bienvenida y no en la pared que está detrás.

El problema es que un cartel no restaura un edificio.

Una pared pintada no elimina un derrumbe.

Y una fachada bonita no significa necesariamente que detrás exista una ciudad bien conservada.

Lo curioso es que estos recursos pueden funcionar perfectamente durante un tiempo.

Quien pasa rápidamente por la carretera ve el cartel.

Quien circula por la avenida ve la fachada pintada.

Quien llega en una caravana puede recibir una impresión bastante diferente de quien vive allí todos los días.

Y ahí aparece el absurdo.

No siempre se solucionaba aquello que estaba deteriorado.

A veces simplemente se solucionaba la posibilidad de que alguien lo viera.

Es una diferencia pequeña en apariencia, pero enorme en la práctica.

Reparar un edificio requiere recursos, planificación, materiales y trabajo.

Levantar un muro o colocar un cartel requiere mucho menos.

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