Alfredo y el mar de los problemas.
Published on HivePostify by @vgalue · Mon Aug 17 2026
Alfredo siempre sintió que su vida era una llanura sin fin, una llanura de tierra reseca y días iguales. De niño, mientras los otros chicos jugaban a piratas, él prefería mirar las nubes y construir murallas de cartón. Se sentía seguro detrás de ellas. Pero el mundo real no respeta los cartones.
Su primer gran revés llegó el día que su padre se marchó sin decir adiós. La casa se quedó en silencio, y para Alfredo, fue como si el aire se hubiera espesado. Se sentía solo y frágil. Su madre, que trabajaba el doble para mantenerlos, le repetía: «Hijo, hay que resistir». Alfredo no entendía de resistencias; él quería sus murallas de vuelta.
Con los años, el dolor se transformó en una armadura. Se volvió un joven serio, cumplidor, callado. Estudió ingeniería para construir cosas sólidas, nada de castillos de cartón. Encontró un buen trabajo en una gran constructora. Y allí conoció a Lucía, con su risa que parecía romper el silencio de su vida. Se casaron, y por primera vez, Alfredo sintió que su armadura no pesaba tanto.
Pero la vida es un río que a veces se desborda.
La empresa donde trabajaba Alfredo cerró de golpe por un escándalo de corrupción. Cientos de empleados a la calle, sin indemnización. Alfredo, que había puesto toda su seguridad en ese trabajo, se sintió como si alguien le hubiera quitado el suelo bajo los pies. La hipoteca, el coche, los gastos diarios... la deuda empezó a subir como una marea.
Al principio, Alfredo intentó disimular. Se ponía el traje cada mañana y salía como si fuera a trabajar, pero pasaba el día en la biblioteca central, enviando currículos y sintiéndose cada vez más inútil. Cada rechazo era una piedra más en su mochila. Lucía, por su parte, trabajaba horas extras en una tienda de ropa y llegaba agotada. Las noches en la casa se volvieron frías, llenas de un silencio que esta vez no era pacífico, sino cargado de miedo.
Un día, Alfredo ya no pudo más. Confesó todo a Lucía. Él esperaba gritos, lágrimas, pero ella solo lo miró a los ojos, le cogió la mano y le dijo: «Pues nos buscaremos la vida juntos, Alfredo. Pero juntos». Y entonces Alfredo sintió algo diferente. La armadura que había llevado tantos años, la que había construido con su propio dolor, empezó a agrietarse.
Pero la prueba más difícil aún estaba por llegar. La madre de Alfredo, la que le enseñó a resistir, cayó enferma. Una enfermedad rara, un diagnóstico que sonaba a sentencia. Alfredo y Lucía se volcaron en cuidarla. Y en ese hospital, en esa sala de espera interminable, Alfredo empezó a notar algo. La gente. Gente con problemas mucho más graves que los suyos, pero que sonreía. Gente que había perdido todo, pero que seguía adelante.
Y entonces, un día, mientras miraba a su madre dormir, Alfredo lo vio claro. Toda su vida había estado huyendo del dolor, huyendo de la soledad, huyendo de los problemas, construyendo murallas y armaduras. Y toda esa huida, todo ese miedo, era lo que le estaba impidiendo vivir de verdad. Él se estaba ahogando, no por los problemas en sí, sino por el miedo a los problemas.
El dolor de su padre se lo había tragado la armadura. El paro, la deuda, la enfermedad... todo eso era el mar. Y él siempre había estado intentando salir de ese mar, sin darse cuenta de que el mar estaba allí para enseñarle a nadar.
Su madre, antes de irse, le dejó una última lección. No fue una frase célebre, fue un gesto. Ella le apretó la mano y, con la poca fuerza que le quedaba, le hizo un guiño. Como diciendo: «¿Ves? Esto también se puede superar». Y en ese momento, Alfredo sintió que el peso de su armadura desaparecía por completo. Ya no la necesitaba.
Hoy, Alfredo y Lucía viven en una pequeña casa en las afueras. No tienen lujos, pero tienen paz. Alfredo tiene un pequeño taller donde arregla muebles viejos y Lucía trabaja en una guardería. Cuando la gente les pregunta por su pasado, Alfredo sonríe y dice: «Fue una época difícil, sí. Pero allí fue donde aprendí que a veces, lo que más te asusta es precisamente lo que te está enseñando a vivir. Y que, en el fondo, todos los problemas son solo las olas que te empujan a la orilla, si tienes el coraje de nadar con ellas».
Foto(s) tomada(s) con mi smartphone Samsung Galaxy S22 Ultra.
Tags: #spanish#life#argentina